«Mi identificación con el pueblo de Israel amenazado fue muy fuerte y necesitaba estar ahí» – Testimonio de una joven voluntaria en la Guerra de los Seis Días- Psic. Raquel Burstein

11/Jun/2012

Copredi, CCIU

«Mi identificación con el pueblo de Israel amenazado fue muy fuerte y necesitaba estar ahí» – Testimonio de una joven voluntaria en la Guerra de los Seis Días- Psic. Raquel Burstein

Yo nunca  pude tener un abrazo de mis abuelos paternos, tampoco de mis
tíos paternos ni jugar con sus hijitos mis primos porque todos ellos
murieron en las cámaras de gas de los nazis. Mi padre, el menor, se salvó
emigrando junto a un primo y a un tío a este bendito país, y su única
hermana sobreviviente partió para Israel. Para una joven adolescente
-con una injusticia tan aberrante y cercana- de pronto se encuentra con
otra injusticia demente que tenía que ver con la amenaza de varios estados
árabes que tenían el objetivo de «echar a Israel al mar» (textualmente).
Recuerdo en esos preámbulos,una manifestación muy grande  por 18 de
Julio en silencio con una vela en la mano judíos y no judíos. Mientras
llegaban las noticias de que los egipcios trasladaron cantidades de
tropas a las fronteras de Israel, ordenó a las fuerzas de paz de la ONU
retirarse de la zona y reimpuso el bloqueo a los Estrechos de Tirán y
estableció una alianza militar con Jordania y en el norte con Siria, a
los que se sumaron  otros distintos países árabes colaborando en esta
odisea de odio injustificable.¿Y cúal era el país que había que
aniquilar? A Israel, la única democracia del Medio Oriente (hoy es más
que verificable con todo lo que está sucediendo en los países árabes,sus
dictadores,las muertes, etc). ¿ Israel la gran potencia?  Obvio que
no,Israel con un territorio en 1967 ¡semejante a nuestro Departamento de Tacuarembó! Entonces,cómo se pueden sentir
jóvenes vivenciando que su «madre patria» está amenazada de muerte?  Personalmente fui a la Embajada de Israel porque había escuchado que
Israel realizó un llamado de voluntarios para trabajos civiles sobre
todo en los kibutzim (colonias agrícolas). Me dijeron que era menor de
edad por lo que necesitaba el permiso de mis padres. Mi situación fue similar a
los 50 o 60 jóvenes uruguayos de origen judío, más
argentinos, brasileros, chilenos, etc. Subimos al barco el 8 de junio-en
medio de la guerra-ya que comenzó el 5 de junio y duró  hasta el 11. El barco simbólicamente se llamaba Theodor Herzel.  Era junio de 1967 y yo terminaba 6o año de liceo (2o de bachillerato)Seguramente podía ofrecerle al Estado de Israel muy poco-apenas sabía hacerme la cama y alguna cosa más. Pero mi identificación con el pueblo de Israel amenazado fue muy fuerte, y necesitaba estar ahí, colaborando en alguna tarea civil necesaria.La llegada de nuestro barco al puerto de Israel después de 23 días de viaje y con más de 500 jóvenes latinoamericanos fue recibido con mucho respeto, mucha alegría y agradecimiento. Habían muchos periodistas, fotógrafos, cámaras de televisión (no de Israel ya que todavía no había televisión), muchos familiares que por primera vez veían a sus sobrinos y parientes.Conocí ahí a la única hermana sobreviviente de mi papá. Del puerto nos dirigimos a un kibutz, otra novedad para quien viene de la ciudad con otro sistema.Lo más difícil del viaje fue su inicio; lo más fuerte la separación con la familia por primera vez, las lágrimas contenidas o desbordadas de los padres,la sensación nuestra -dadas las noticias que que llegaban-de que no íbamos a sobrevivir a esta guerra por lo tremendamente desigual de sus condiciones.                                                                                                                                                              Varias fueron las emociones vividas: pisar la tierra de Israel (habiendo vencido una guerra impuesta,tan patética, tan loca). El conocer el Muro de los Lamentos. Lo vimos tal como los jordanos lo dejaron: como letrinas,este lugar tan sagrado para el pueblo judío y tan sufrido: su nombre da cuenta de ello:Muro  de los Lamentos.Nos sucedió que vimos a soldados, a mujeres, niños, hombres, laicos y religiosos, llorando aferrados al Muro. En principio no entendíamos mucho pero fue acercarnos y tocar sus paredes donde cada uno de nosotros no se podía despegar y también necesitamos llorar: la historia del pueblo judío vibraba en ese contacto.Al irnos tomé del suelo dos piedritas, como símbolo -testigo mudo de tantas angustias- pero que por fin se hizo justicia y los judíos de todo el mundo pueden dejar sus deseos en algún rincón de ese Muro.      Otro impacto fue la sociedad kibutziana, como dije, nos distribuyeron para ayudar en la cosecha,etc. Era una sociedad, un sistema socializante, donde todo era de todos y nada de nadie. Se vivía muy bien. Trabajé en los campos de algodón sacando los yuyos, recolecté manzanos sobre una escalera, fui moza sirviendo la cena  junto con otros compañeros, limpié el establo,enseñé flauta dulce a niños, pero…lo que  no pude hacer fue limpiar un pollo! (soy vegetariana). Otro lugar muy emotivo fue el museo del holocausto. Sin palabras. Para ir finalizando, a todos los voluntarios nos otorgaron becas en las universidades.Yo elegi la Universidad de Haifa.Lo más interesante fue que mi primer y única entrevista para ingresar fue con el Director de los estudiantes del extranjero. Finalizada me acompaña a un salón y me presenta en hebreo obvio: «les presento una nueva estudiante, es de Latinoamerica, de Uruguay» (el resto eran de Australia, Estados Unidos, Francia, Sudáfrica, Brasil, Marruecos, etc.).¿Por qué nombro a este director? Porque era ni más ni menos que el famoso escritor y poeta A.B.Yehoshua. Guardo en forma especial el comprobante o diploma firmado por él.A la pregunta si hoy, 45 años después, considero que estuve bien en haber viajado, no lo dudo ni por un instante,si bien -como el resto de los compañeros- no ignoro que fue un desafío muy arriesgado. Quizá suena a soberbia pero siento a la distancia cierta admiración hacia aquélla jovencita con sus ideales de apostar a la vida y de rebelarse contra la injusticia paranoica que atentaba contra esa propia vida: el Estado de IsraelAutora del artículo: Psic. Raquel BursteinColaboración: Lic. Martín Kalenberg